El viaje de Chihiro: Miyazaki en estado puro
El 20 de julio de 2001, Studio Ghibli estrenó Sen to Chihiro no Kamikakushi (El viaje de Chihiro) en Japón. La película recaudó 316 millones de dólares, convirtiéndose en la más taquillera de la historia de Japón (récord que mantuvo hasta 2020). Ganó el Oscar a Mejor Película de Animación en 2003 y el Oso de Oro en la Berlinale — la única película animada en lograr ambos.
Su director, Hayao Miyazaki, tenía 60 años y había intentado retirarse. En lugar de eso, creó su obra definitiva.
La historia
Chihiro, una niña de diez años malhumorada y asustadiza, se muda con sus padres a una nueva ciudad. En el camino, se desvían por un túnel que conduce a un mundo de espíritus. Sus padres, al comer sin permiso la comida de los dioses, son transformados en cerdos.
Chihiro queda atrapada. Para sobrevivir, debe trabajar en la casa de baños de Yubaba, una bruja que le roba su nombre y la rebautiza como “Sen”. Recuperar su nombre — su identidad — es la clave para volver a casa.
Los temas
Miyazaki no hace películas con moralejas. Hace películas con preguntas:
- La identidad: Yubaba controla a sus trabajadores robándoles el nombre. Sin nombre, olvidan quiénes son. La metáfora es transparente: el trabajo puede consumir tu identidad si olvidas quién eras antes de empezar
- La codicia: los padres de Chihiro se convierten en cerdos por comer sin permiso. El consumismo como transformación literal
- El crecimiento: Chihiro empieza como una niña quejumbrosa y termina como alguien capaz de enfrentar dioses, dragones y brujas. Pero no se convierte en una heroína de acción — simplemente aprende a ser valiente siendo ella misma
- La memoria: Haku, el misterioso joven que la ayuda, es el espíritu de un río que ella visitó de niña. Un río que fue sepultado bajo hormigón para construir apartamentos. Miyazaki, ecologista declarado, convierte la destrucción ambiental en pérdida personal
La animación
Miyazaki insistió en que las escenas clave fueran dibujadas a mano, sin intervención digital. En una era en que Pixar dominaba con CGI, Ghibli demostró que la animación tradicional podía ser más expresiva, más viva, más capaz de capturar lo intangible.
La casa de baños está diseñada con un nivel de detalle obsesivo: cada habitación, cada pasillo, cada escalera tiene una lógica arquitectónica propia. Los espíritus que la visitan — un dios del río contaminado, un Sin Cara hambriento de atención, un bebé gigante — son criaturas que no existen en ningún otro universo ficticio.
El legado
El viaje de Chihiro demostró que la animación puede ser arte mayor sin reservas ni asteriscos. No es “buena para ser una película animada”. Es una de las mejores películas jamás hechas, en cualquier formato.
Miyazaki se “retiró” varias veces después. Siempre volvió. En 2023, a los 82 años, estrenó El chico y la garza, otra obra sobre la pérdida, la memoria y el paso entre mundos. Pero Chihiro sigue siendo el centro de su filmografía: la película donde todo lo que le importa — la infancia, la naturaleza, la identidad, la valentía silenciosa — encuentra su expresión más pura.