Las herramientas que usamos no son neutrales. Un editor de texto, un lenguaje de programación o un framework imponen restricciones que canalizan el pensamiento de formas específicas.

Rust como ejemplo

Rust no solo previene errores de memoria — obliga a pensar en la propiedad de los datos desde el diseño. El compilador es un interlocutor exigente que transforma la forma en que estructuramos nuestras ideas sobre los programas.

La elección de herramientas es, en el fondo, una elección sobre cómo queremos pensar.