Jack Kilby y el circuito integrado
El 12 de septiembre de 1958, Jack Kilby, un ingeniero recién contratado en Texas Instruments, demostró ante sus directivos un dispositivo que cabía en la palma de la mano: el primer circuito integrado funcional.
Era un trozo de germanio de apenas un centímetro con transistores, resistencias y condensadores fabricados sobre el mismo sustrato y conectados por hilos de oro. Cuando Kilby conectó la alimentación, un osciloscopio mostró una onda sinusoidal perfecta. El circuito funcionaba.
El problema de la tiranía de los números
En los años 50, la electrónica enfrentaba una crisis de escala. Los computadores requerían miles de transistores individuales, cada uno soldado a mano con resistencias y condensadores discretos. Más componentes significaban más conexiones, más fallos y más coste.
El ejército estadounidense lo llamó la “tiranía de los números”: era técnicamente posible diseñar sistemas complejos, pero imposible fabricarlos de forma fiable.
La solución de Kilby fue radical: ¿y si todos los componentes se fabricaran sobre el mismo trozo de semiconductor?
Kilby y Noyce
Seis meses después, en enero de 1959, Robert Noyce de Fairchild Semiconductor desarrolló independientemente su propia versión del circuito integrado, usando un proceso planar con óxido de silicio como aislante. El diseño de Noyce era más práctico para la fabricación en masa.
Ambos son considerados co-inventores del circuito integrado. Kilby recibió el Premio Nobel de Física en 2000 (Noyce había fallecido en 1990 y el Nobel no se otorga póstumamente).
La Ley de Moore
En 1965, Gordon Moore (cofundador de Intel con Noyce) observó que el número de transistores en un circuito integrado se duplicaba cada dos años. Esta observación — la Ley de Moore — se mantuvo vigente durante más de cinco décadas:
- 1958 — 1 transistor (Kilby)
- 1971 — 2.300 transistores (Intel 4004)
- 2000 — 42 millones (Pentium 4)
- 2024 — más de 100.000 millones (Apple M4 Ultra)
Del trozo de germanio de Kilby a los chips de hoy hay un factor de cien mil millones. Pocos inventos en la historia humana han experimentado una mejora de esta magnitud.