El 15 de noviembre de 1971, Intel publicó un anuncio en la revista Electronic News con un titular audaz: “Announcing a new era of integrated electronics”. El producto era el Intel 4004, el primer microprocesador comercial de la historia: una CPU completa en un solo chip.

4 bits de ancho de bus. 2.300 transistores. Tecnología de 10 micrómetros. Una velocidad de reloj de 740 kHz. Capaz de ejecutar 92.600 instrucciones por segundo.

Hoy, cualquier tarjeta de felicitación musical tiene más potencia de cálculo. Pero en 1971, era una revolución.

El origen inesperado

El 4004 no fue concebido como un producto revolucionario. La empresa japonesa Busicom encargó a Intel un conjunto de chips para una calculadora de escritorio. El diseño original requería 12 chips distintos.

Ted Hoff, ingeniero de Intel, propuso una alternativa: un único chip programable de propósito general que pudiera ejecutar diferentes instrucciones según el software. Federico Faggin, un físico italiano, lideró el diseño del circuito. Stanley Mazor colaboró en la arquitectura.

Intel compró de vuelta los derechos a Busicom por 60.000 dólares. Fue una de las mejores inversiones de la historia empresarial.

La idea transformadora

Antes del microprocesador, cada dispositivo electrónico tenía su lógica cableada: el hardware determinaba la función. Cambiar el comportamiento requería rediseñar el circuito.

El microprocesador invirtió esa relación: un mismo hardware podía realizar funciones completamente distintas cambiando el software. Esta es la idea que hizo posible:

  • Los computadores personales (años 80)
  • Los teléfonos móviles (años 90)
  • Los smartphones (años 2000)
  • La inteligencia artificial ejecutándose en dispositivos portátiles (hoy)

El legado de Faggin

Federico Faggin es quizás el héroe menos conocido de la revolución digital. Diseñó el 4004, luego el 8008 y el 8080 (la base de los primeros PCs). Después fundó Zilog y creó el Z80, el procesador que alimentó una generación entera de computadores.

En 2010 recibió la Medalla Nacional de Tecnología e Innovación de Estados Unidos. En sus propias palabras:

“El microprocesador fue una de esas raras invenciones que cambian todo. Pero en el momento, simplemente estábamos intentando resolver un problema de ingeniería.”

Las revoluciones, a menudo, no se reconocen como tales hasta mucho después.